Regreso de vacaciones II

by • 14 noviembre, 2019 • Cultura, En IdeasComments (0)85

Time it took us

To where the water was

That’s what the water gave me

And time goes quicker

Between the two of us

Oh, my love, don’t forsake me

Florence+The machine…What the water gave me 

 

Estoy a punto de cumplir un año que no vivo en México de manera permanente, he estado en este país por nueve meses y aunque he tenido que regresar a lo que aún llamo mi casa por situaciones que competen a asuntos familiares, ir y regresar –y viceversa- siempre ha sido una experiencia diferente.

Y discúlpenme si hoy me pongo medio sensible, pero a veces pareciera que quienes nos vamos nos la pasamos bomba. No me malinterpreten, no me quejo, en estos nueve meses he recorrido más kilómetros que los que había recorrido en toda mi vida #tampocosontantos aunque mi parámetro era medio rancio, sólo había salido a los pueblos más cercanos, ja…

He aprendido a empacar lo indispensable en una maleta de 56x25x45 (ósea de cabina) y si ella pudiera hablar, seguro les contaría que en Japón son tan amables que casi te piden disculpas por preguntarte ¿a qué viene a nuestro país? En cambio en el aeropuerto de Frankfurt hasta me exhortaron a mostrar el boleto de regreso, probablemente creyendo que me iba a quedar a vivir allí.

En el tren de Paris-Múnich conocí los “modales a la alemana” y recordé esos viajes que de muy pequeña hacía de México-Guadalajara para ver a la tía. El concepto de fila en el aeropuerto de Casablanca, Marruecos está infravalorado (ya no digamos para ir al baño)

Llegar, ya sea a México o a EAU me deja la sensación de que ya llegué a mi casa aunque ya no sepa bien dónde es…La primera vez que abordé el avión, mi familia fue a despedirme al aeropuerto, ese grupo que siempre considero como MI familia. La segunda vez que me despidieron fueron menos y esta tercera aún menos, entiendo que tiene que ver con que todos tienen cosas que hacer y que inevitablemente siempre serán “mis” mujeres las que estén allí.

Mi abuela y mi madre siempre han estado allí, son a quienes quisiera aferrarme y decirles: ¡quiero irme-quedarme!, ¡vente conmigo!…abrazarlas sin ponerme a  berrear porque sé que ellas se ponen igual. Confesión: me pongo a llorar una vez que estoy en el área de dutty free y a veces me ataca más cañón cuando ya me trepé al avión jajajaja…

Seguro a alguien más le ha pasado ¿ustedes también tienen esa sensación de orfandad sin estarlo?; ahora, viene a mi mente un pasaje del libro de Paula, Isabel Allende: no importa que tan amada se sienta por su marido, los abrazos de su madre siempre pertenecerán a esa categoría de roble en el que, a veces necesitara apoyarse, no importa la edad que ambas tengan. Así es con mi madre y mi abuela, no importa qué edad tenga esas dos mujeres han estado mi lado toda la vida y hoy sin ellas, ocasionalmente me siento como huerfanita.

En este año que pasó, he dejado atrás un sinnúmero de cosas que en apariencia parecerían absurdas porque me acostumbre a darlas por hecho: regresar implica por ejemplo que ya no tengo auto; que no importa que tan bien trate de organizarme, no me alcanza nunca el tiempo para ver a todas las personas que quiero ver, ni todas las cosas que quiero hacer.

Spoiler: también me da diarrea…ash…he perdido anticuerpos, aunque tardo unos días en recuperarlos; consejo, no dejen de comer.

Traté que mi dieta estuviera compuesta de vitamina T así que aun con todo y la Venganza de Moctezuma en la segunda semana, no dejé de comer gorditas de chicharrón, pan recién horneado, papas con salsa, nopales, tortillas, tamales, esquites, elotes y por supuesto tacos de suaperro, pastor, lengua…

Hay cosas mucho más sentimentales que me pegan, como tomar la decisión de dormir a mi perra antes de verla agonizando a causa de una pulmonía que, coincidentemente se le manifestó estando con ella.

Sé que me estoy perdiendo el crecimiento de mis primos, aunque siempre imaginé que estaría a su lado como lo hizo su papá conmigo; sigo su desarrollo por FaceTime-fotografías…o bien, abrazar a una de mis personas especiales porque va a ser mamá y entender que probablemente tampoco estaré allí cuando nazca o ver crecer a ese ser. O sea, que la vida sigue, seguirá conmigo sin mi o sin ellos, sin todos en el mismo país…

Aunque a veces quisiera tener un transportador de materia tipo #episodiodeloSimpson la ventaja de viajar tanto, es que uno hace callo; estas últimas veces, he viajado vía USA, la primera vez que crucé por allí hasta me tocó revisión de maleta, junto con uno de esos interrogatorios en los que una se queda pensando: ¿es de vital importancia que sepan a qué me dedico?, ¿qué hago tan lejos de mi casa? o ¿en dónde trabajo?…esta vez, hasta el de la aduana bromeo conmigo sobre el clima de Emiratos y casi sin preguntas logré pasar.

Viajar tantas horas descontrola el organismo horrible, parece que nunca amanece y por supuesto no llega la noche. Hice una escala de 4 horas en Texas y aunque pude salir a conocer la ciudad, estaba demasiado cansada y con sueño para hacerlo, así que me quede dormida como indigente en una banca con mis maletas al lado y abrazada a mi iPad. Por cierto, además de perderme en el aeropuerto de Houston, descubrí que no hay muchas opciones para alimentarse, así que compren una barra de cereal o unas galletas por si acaso.

Cuando por fin, pude hacer el check-in y alcancé a entrar a los pasillos para abordar, con el consabido ritual previo de paso por la eterna fila y las instrucciones de: -Quítese chamarra-guantes-zapatos-bufanda-cinturón-monedas-llaves-celular…no olvide sacar tabletas-computadoras de estuches y ahora sí, ¡pásele al escáner de cuerpo completo! aka abra piernas-brazos y espere a que le digan si pasa, sino espérese a que le revisen hasta por debajo de la boobs…póngase todo lo que traía encima y entonces sí, busque en dónde le toca abordar.

La fila interminable (otra vez) para treparse al avión, en donde –no sé porque y juro que no tengo nada en contra de ellos- pero resulta que si uno pregunta a un árabe-indio ¿esta es la fila? El susodicho jurara que sí, entonces ya en la línea, descubres que estabas en una “alternativa” porque la “verdadera” estaba quiensabedonde, conclusión a la que llegas hasta que estas en medio de tres sin ningún orden.

Después de muchas horas, antes de terminar de aterrizar observo la transformación de las mujeres, esas que subieron con ropa occidental, se visten con abaya y burqa; la transmutación de sólo ojos, cara y color negro. Pisé tierra de nuevo, llegué a mi otra casa de noche y aunque no tenemos las habituales temperaturas porque aún estamos en invierno, yo traigo ropa de frio casi glaciar y un dolor de huesos que no puedo con él.

Para terminar de desprenderme de mi pueblo, fui uno de esos restaurantes en los que uno se siente verdaderamente del otro lado del mundo, el oriente; la comida, el té estilo marroquí y varias fumadas en una shisha en la que se avivan las brasas de manera regular gracias a un buen hombre que circula entre las mesas asegurándose de ello.

De postre, me regalaron un tipo pudin de arroz, que le daba un aire efímero a esos lejanísimos 14 mil kilómetros “…del cielo donde he nacido”.

Frankfurt

Frankfurt

Japón

Japón

Casablanca, Marruecos

Casablanca, Marruecos

Prunus Speciosa

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Twitter: @prunuspeciosa

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