Crónica ‘The Cure’

by • 10 octubre, 2019 • Música, NoticiasComments (0)37

Entre telarañas y chavorrucos: bailando junto a Robert Smith

El 8 de Octubre, la banda mítica de rock The Cure nos visitó por primera vez en seis años. Con mucha expectativa, los fans mexicanos nos abalanzamos sobre los boletos, generando un sold out casi inmediato en el Foro Sol. El motivo de la visita fue la celebración de los 40 años de la banda. Aunque también celebramos que hace una semana sacaron anuncio de dos próximos álbumes en puerta.

Las puertas se abrieron desde las 5 de la tarde. Casi de inmediato el venue se empezó a llenar. La gente ansiosa por ver sus clásicos en vivo, comenzó a llegar a apartar lugar hasta en frente o en el estacionamiento. Los primeros teloneros, que no sorprendieron mucho, fueron los Violet Vendetta. Una banda del Reino Unido que tocó alrededor de 45 minutos. Seguido, salió al escenario Rey Pila, este proyecto mexicano que si bien ya está consolidado por alguna razón, siguen siendo teloneros a grandes proyectos musicales, desde Depeche Mode, Muse hasta el mismo The Cure

A las 7:40, con la capacidad casi al máximo, el Foro Sol recibió con muchos aplausos a The Twilight Sad que nos deleitó con un sonido inspirado en bandas noventeras como Jesus and Mary Chain y que calentó de gran manera la pista. 

Los chiflidos empezaron a resonar por toda la arena 20 minutos antes de que empezara el concierto, la gente ya no podía más con la espera. 

La mayoría del público eran adultos de cuarenta o más recordando su adolescencia: algunos venían con todo el outfit godín, mientras que otros, más atrevidos lograron acercarse al peinado de Robert Smith y le pidieron prestado el delineador a su pareja. Entre toda la ola de chavorrucos, se asomaban juventudes arrumbadas en vinilos empolvados, en dos que tres chamarras de cuero con las décadas encima pero usadas con orgullo. La sensación era nostálgica en su más amplio sentido, sin embargo, entre la ola de la melancolía por los añorados ’80, se encontraban algunos jóvenes e incluso niños -un tanto perdidos. Lo curioso, es que, aunque The Cure es una banda que ha trascendido generaciones y muchos chicos llegan a ella gracias al Internet o excavaciones profundas musicales, la mayoría venía de la mano de su papá/mamá/tío. The Cure es infinito, pero al parecer, ahora también es una tradición familiar. De vampiros a vampiros bebé, de góticos atormentados hasta ahora padres a millenials, hay algo en The Cure, que inevitablemente une a todas las generaciones y todas las personas. 

A las 9:15, en punto salieron al escenario. La multitud recibió a gritos a la leyenda Robert Smith que con la más linda y amable actitud, que desde siempre lo ha caracterizado, saludo a México con una gran sonrisa. Otro de los favoritos de la audiencia, el bajista Simon Gallup fue recibido con gritos y aclamos de sus fans, en la primera fila, una chica portó una lona con el copy “Simon, I’m Yours”

De pronto, de las guitarras melodiosas, los teclados místicos y la batería increíble de Boris Williams, empezó a sonar “Plainsong”. Canción que inaugura su gran álbum (que quizás sea el más oscuro de la agrupación) Disintegration. Nos sentimos todos abordados por la grandiosidad de esta canción atmosférica, que de inmediato nos sumió en un balde de melancolía y sappinness, una antítesis que describe perfectamente a The Cure. Seguido de esta, empezó el romanticismo del bello (y bobo) Robert Smith con una voz impecable que no ha sentido pasar los años, bailoteó, sonrió y nos transmitió su vibra de pura alegría. Estos 40 años han visto múltiples sucesos políticos, económicos, culturales y obviamente, musicales; pero nada de esto, ha podido frenar el espíritu de Robert Smith y la fuerza de todos los integrantes de la banda.

Después de «Plainsong», escuchamos 3 canciones de Disintegration y el concierto rotaba constantemente entre sonidos más cercanos al post-punk y otros más debrayados hacia el new-wave o incluso al glam metal. Tocaron todos los clásicos y favoritos de las personas, desde “A forest”, “Fascination Street”, “Just Like Heaven”, “39”, “Burn”, “Lovesong”, y “Pictures of You”.

Ya hacia el final, la gente no podía dejar de bailar. Tres horas de concierto que se sintieron como 3 segundos. Todos coreaban, reían y gritaban de la emoción. Se hizo una pausa de menos de 1 minuto antes del encore, pero la gente sabía que no nos podíamos ir sin canciones como “Lullaby” y “Friday I’m Love”.

Los más grandes fans, que ya conocían el setlist de la gira, se sorprendieron al escuchar “Want”, una chica gritó “Mi amor, no tocan esta canción en vivo desde el 97’” mientras lo besaba fuertemente. Fue en realidad una comunión amorosa, de todos los góticos y algunos ahora godínez de la ciudad. Sonaron también canciones mucho más juguetonas y funky como “The Caterpillar”, “The Walk”, “The Lovecats” y obviamente el himno “Close to Me”

Ni esos hitazos detuvieron el concierto, ya que tras un breve encore, la gente seguía esperando “Boys Don’t Cry”. Regresaron una vez más, y volvieron a ser recibidos por otra ola enorme de aplausos y vitoreos. Pudimos escuchar la canción “Three Imaginary Boys”, del álbum del mismo nombre. Finalmente, el super viaje acabó con la canción prohibida “Killing an Arab” y como si hubiera sido un sueño, lleno de guitarras atmosféricas, y de sonidos que nos llenaron de nostalgia el corazón, volvimos a la Tierra. Las luces se prendieron en el Foro Sol, despidiéndonos a todos después de tres horas de felicidad absoluta. 

Autora: Montse Aguilar

@youngmonche

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