Chicuarotes, y la visión del México de siempre [Reseña/Crítica]

by • 12 julio, 2019 • CulturaComments (0)414

Si esta fuera una reseña objetiva sobre el mensaje que quiere externar la película de «Chicuarotes«, sería una reseña digna de un crítico más experimentado en el séptimo arte; pero como no somos tan arrogantes (no todavía), este simplemente será un comentario honesto sobre la segunda película como director de Gael García.

«Chicuarotes» se desarrolla en la época actual de la Ciudad de México, más en específico, en el poblado de San Gregorio Atlapulco en el municipio de Xochimiclo. La historia se centra con dos adolescente de 16 años nombrados «El Cagalera» y «El Moloteco», ambos amigos en búsqueda de algún sustento económico para poder sobrellevar la difícil vida que se tiene como parte de una sociedad abatida por la falta de educación y capital, como uno de muchos otros poblados del país.

La trama toma rumbo cuando uno de sus conocidos les comenta a ambos jóvenes sobre ese espacio gris que existe en los empleos gubernamentales, donde, a base de palancas y sobre todo de corrupción, cualquiera puede ocupar un puesto en dichos trabajos sin necesidad de ser apto para éstos. Así, ambos chicos buscarán formas de conseguir el capital suficiente que les pueda dar una oportunidad de ingresar, con la ayuda de la corrupción, a un empleo estable dentro del gobierno.

La cinta es una muestra más de la visión real de un México contemporáneo, algo que se ha mostrado desde el Cine de Oro con Luis Buñuel y su afamada «Los Olvidados». Ahora, en los ojos de Augusto Mendoza y Gael García, nos traen una película que muestra otro reflejo sobre la vida en un sector del país que adolece de mucha carencia, como lo hemos visto antes en películas como «El Infierno», «Todo El Poder», «Amores Perros» o «La Ley de Herodes»; películas que han sido un estandarte sobre la calidad de cine que ofrece el país (irónicamente).

Todo bien hasta el momento en que ya no sabes si quieres seguir pidiendo más cine de este índole, con enfoques crudos, matices grises y cargados de harto humor negro sobre la vida en México, o prefieres algo más básico, sin mucha ciencia, y que no pide más al espectador que su dinero como todas la comedias románticas que existen allá afuera.

Técnicamente, había escenas donde creía que estaba viendo una película con características del cine de los años ochentas tardíos o noventas tempranos, algunas actuaciones se me hicieron de lo más vagos y todo esto me hacía pensar en los pocos recursos con los que contó este filme. Sin ahondar mucho en el aspecto económico con el que contó el equipo de producción para su realización, sigo creyendo que lo más importante de esta película, fuera de todos los fallos que pude encontrar, es el mensaje que quiere presentar.

«Chicuarones», como ya lo mencioné, forma parte del cine sobre un México contemporáneo plagada de humor negro, lleno de todo los problemas que existen en el país, como la pobreza, el abuso sexual, la delincuencia, el machismo, la violencia intrafamiliar o la homofobia; y donde nos muestra al típico estereotipo del mexicano irreverente, grosero, burlón, pero con muchas ganas de salir adelante.

Sin más, esta cinta dirigida por Gael Garcia es un ejemplo claro de lo que el escritor y poeta André Bretón expresó sobre este país:

«No intentes entender a México desde la razón, tendrás más suerte desde lo absurdo, México es el país más surrealista del mundo.»

Siendo lo más claro posible, «Chicuarotes» es una buena película a secas, digna de un Festival de Cannes (donde fue presentada al inicio), pero que no siento que pueda trascender más allá del mensaje que expresa, como lo comenté al inicio. Es divertida por ese aspecto local que todo mexicano entiende, y es un poco cruda por el mismo aspecto que sólo un mexicano puede entender.

Noticias relacionadas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.